Cierre del año 2009

•31 diciembre 2009 • Dejar un comentario

Me han comentado que la gente es muy dada a hacer propósitos de Año Nuevo, del tipo apuntarse al gimnasio o hacer caso a lo que me digan en ¡Jo, qué cine!. Así que como comparto vuestras ganas de que cambiéis hábitos cinéfilos, os dedico este post. Lo dividiré en varias sencillas secciones para que os llenéis de grandes propósitos.

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Lo mejor de 2009: Lo mejor que ha dado este año. Quería poner 10, pero creo que lo dejaremos en 3.

1. Antichrist, de la que ya hablamos hace tiempo. También dije que no me sentía con fuerzas de recomendársela a nadie. Bueno, da igual. 8/10 y enlace a mi propia crítica, que eso de autorreferenciarse tiene muchísima clase.

2. Tres días con la familia, que curiosamente también comenté en el blog. De nuevo, un 8/10, un ejemplo de lo que puede ser buen cine español.

¿He dicho que 3 al final? Bueno, da igual. Dos está muy bien. Menuda mierda de año. Por cierto, aprovecho para recomendaros, ya que la vi en Cannes, digo, Sitges, con ciertos matices la película de próximo estreno “La carretera”, basada en la novela de Cormac McCarthy.

Von Trier haciendo sufrir a las mujeres en Antichrist por todo lo que le han hecho pasar

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Lo peor de 2009: Esto no quiere decir las peores películas, porque he visto la película de Hannah Montana y no la voy a poner en mi lista. No. Esto va de películas que por un motivo u otro crearon grandes expectativas y acabaron por ser cosas infladas y decepcionantes.

1. Por supuesto, el post estrella del blog… Avatar… la revolución del cine… deberían repartir mandos de la Play en las salas, lo mismo hasta me creía algo. Un 4/10 que podría significar cualquier cosa excepto algo que cumple expectativas.

2. 2012: El Emmerich éste quería cargarse TODO y no pudo con John Cusack. Menuda castaña. También la comenté en el blog. Qué cosas hago. 1/10, con 1 como nota mínima, sin fisuras.

3. Aprovecho para prevenir contra el que probablemente vaya a ser el bombazo pseudoindie (“pseudo” en letras de neón) de 2010, Mr. Nobody, de Jaco Van Dormael, que vi en el Festival de Berlín, digo, en Sitges. Protagonizada por Jared Leto, experto en meterse en películas tan (¡jaja!) trascendentales como “Réquiem por un sueño”. Una cretinada conceptual de categoría, que va de trascendente y compleja, que sin duda será vendida como “preciosa”, “invita a soñar”, “hacía tiempo que no se hacía una película así”, “fábula moderna”, etc. 3/10, valiente tontería.

4. Distrito 9, esa tan cantada District 9. Otra soberana gilipollez con (¡JAJA!) complicadísimas metáforas. Encima, se vendió como “bajo presupuesto”, como si sus fallos fueran de efectos especiales. Me da bastante igual lo bien o mal hechos que están los bichos, gastáos la pasta en el guión, que ofende. 4/10.

Otras tan esperadas como “Malditos bastardos” ni me han gustado mucho ni me han indignado lo suficiente. Si alguien tiene la más mínima esperanza depositada en “Solomon Kane”, que vi en el Festival de cine fantástico de Toron–Sitges, que la abandone. Basura.

Cameron revoluciona difuminando las ya de por sí confusas fronteras entre cine y videojuego

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Sección “¿Todavía no has visto…?”. Aquí incluyo películas clásicas aclamadas por la crítica en las que coincido completamente con su ensalzamiento, para que luego digáis. He sido bueno y me he saltado toda la etapa del cine mudo y unas cuantas más, dando el pistoletazo de salida en los 40.

1. Casablanca (Micahel Curtiz, 1942). Bogey se retuerce de dolor por el amor perdido, bebe y mira al vacío. Ingrid Bergman… oh, Ingrid… imprescindible. 9/10

2. All about Eve (Eva al desnudo, 1950). La vi el otro día de pura casualidad y me conmovió. Decadencia, ambiciones desmedidas y retos interpretativos (¡Bette Davis!). Inolvidable, 10/10.

3. Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950). Billy Wilder siempre me ha parecido un director tremendamente sobrevalorado. Pero con esta película logra atrapar y, por una vez, divertir de verdad. 9/10

4. A streetcar named Desire (Un tranvía llamado deseo, Elia Kazan, 1951). Brando no dirige, pero es que prácticamente hace cine de autor a base de actuar, aunque no le dieran el Oscar. A Vivien Leigh sí se lo dieron… y está a la altura. De nuevo, historias de decadencia y delirios de grandeza. ¿Qué pasaba en esta década?

5. High Noon (Solo ante el peligro, Fred Zinnemann, 1952). Gary Cooper. Gary Cooper. Gary Cooper. Cooper, Gary. Nos enseña que, a veces, toca hacer todo el trabajo solo. Me encanta la escena final, que apenas dura unos minutos, pero resuelve toda la película con gran elegancia.

Tendré que parar, porque sólo de los 50 (y bastantes de los 40) se me ocurren demasiadas. Qué fallo, todas estadounidenses. Otro día (o año) más y mejor.

Con estos dos no me meto. En serio.

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Y, por último, las Recomendaciones muy personales: Aquí incluyo películas que por un motivo u otro me gustan A MÍ. De complicado visionado, sólo para los más valientes en busca de experiencias fuertes.

1. Na srebrnym globie (En el globo plateado, Andrzej Zulawsky, 1987). Una auténtica odisea polaca. Confusa, larga (166 mtos), compleja, teatral, interpretaciones rayanas en la locura, fotografía sobresaliente, excelente uso del color y de los angulares. Un auténtico delirio de ciencia-ficción-ensayo-polaquismo. Encima, está inconclusa y ciertas partes tuvieron que ser narradas. Sólo puede ser un 10/10

2. INLAND EMPIRE (David Lynch, 2006) + INLAND EMPIRE: More things that happened (David Lynch, 2007). Aunque una son las escenas que no fueron incluidas en la otra y en teoría forman una nueva película, para mí son lo mismo. En total serían 252 minutos de Lynch desvariando todo lo que se contuvo en Mulholland Drive. Ésta fue la revolución del cine o la tomadura de pelo de la década. Decidan ustedes. A mi ver, estamos ante uno de los directores vivos más relevantes. 9/10 ambas, pues para mí no están verdaderamente separadas.

3. Sho o suteyo machi e deyou (Throw away your books, rally in the streets, Shuji Terayama, 1971). Desfase japonés sobre su revolución cultural. Escenas y, ante todo, monólogos, para el recuerdo. No sé si es experimental, habría que discutirlo. Ya cautivo desde su alocado comienzo. Libertad, juventud y demás desde una perspectiva tirando a existencialista. 9/10.

De Decasia no hablamos, porque ya lo hicimos.

Feliz 2010 y que tengáis y tengamos buen cine. Aunque lo dudo.

En el globo plateado, on the silver globeEsta escena es de En el globo plateado u On the silver globe. Aunque también podría ser yo mismo como blogger.

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Boiling Point (3-4x Jugatsu / San tai Yon x Jujatsu, Takeshi Kitano, 1990)

•27 diciembre 2009 • Dejar un comentario

El otro día vino Kitano a mi casa. Empezó a gritar; ya sabéis como se pone, parpadeando furibundamente con el ojo izquierdo por ese tic tan chulo que tiene. Que si no me había visto su filmografía, que si no hacía críticas de sus películas, ese tipo de cosas. Yo me justifiqué en que había estado atrapado en el cine viendo Avatar. Así supo perdonarme y nos pusimos a ver una de sus pelis.

Boiling Point es otra película de Yakuzas de Kitano. Sin ser ni de lejos la mejor, concluimos en que es un buen ejemplo de lo que es su cine y una en la que se pueden ver la mayor parte de sus huellas de enunciación. Estamos ante cine de autor. Un autor que te viene a dar la chapa si no ves sus películas.

Sin llegar al grado de contemplación de la posterior Sonatine (1993) ni al trepidante ritmo de Brother (2000), es como una previsión de las dos vertientes de su cine. Kitano escribe su guión y se la suda completamente aquello de “introducción, nudo y desenlace”. La estructura formal (permitidme una frase manida) brilla por su ausencia.

Así que sí, sale gente jugando en la playa, igual que en Sonatine. ¿Por qué esto no es aburrido? ¿Por qué me imagino a este hombre revolcándose de risa en la sala de montaje? Kitano encuentra algo en el juego, algo divertido en ver a adultos divirtiéndose como lo hacen los niños. Uno queda hipnotizado y sin darse cuenta le pasan los minutos. Mientras, contempla a unos japoneses lanzarse una pelota.

Sobre la violencia, pasa algo parecido que con Tarantino. Al que por cierto no dejo entrar en mi casa por pesado. Bueno, a lo que iba, a los dos les encanta la calma antes de una explosión de violencia. Mientras Quentin se regodea en diálogos raretes, Takeshi se parte él solo con las situaciones absurdas que preceden a estos estallidos. Uno se queda atónito con este segundo caso, que no requiere tanta atención como el primero y permite el paso del estupor… sí, esto en cierto modo… resulta divertido.

En cualquier caso, una vez más, Kitano se hace esperar. Hasta que no aparece él en pantalla, uno no disfruta realmente. Y Kitano, como Bogart o John Wayne, siempre es Kitano. Su personaje aterra y divierte; pega tiros pero también reparte collejas sin parar.

Boiling Point contiene todo esto de manera clara. Como añadido, algún momento de fotografía sublime (algo que tampoco suele fallar en su cine) y un final que deja perplejo.

Kitano agazapado en el jardín de tu urbanización, esperando el momento propicio para obligarte a ver sus películas

Nota: 6/10. Sin ser lo mejor de Kitano, entretiene sin problemas. Takeshi, vuelve cuando quieras.

Avatar (James Cameron, 2009)

•21 diciembre 2009 • 12 comentarios


Le estoy cogiendo el gustillo a esto de criticar blockbusters. Vamos allá.

Te hablan de revolución y evidentemente no te crees nada, no eres idiota. Pues haces bien.

No sé qué pasa últimamente, a lo mejor es cosa mía, pero me da la impresión de que estos taquillazos que nos tratan de colar en esta década apelan a cierto tipo de emociones concretas. Creo que tiene algo que ver con determinadas emociones infantiles, algo así como “la magia de ver el cine cuando eras niño” o alguna gilipollez por el estilo.

Algo que identifico con los 80, aunque también con la primera trilogía de La guerra de las galaxias. Me sugieren títulos como Ghostbusters (Cazafantasmas, 1984) o Back to the future (Regreso al futuro, 1985). Siempre me da la impresión de que con este tipo de películas, en las que incluyo a la aclamadísima The Dark Knight (El caballero oscuro, 2008) pretenden tocar cierta fibra sensible rayana en lo infantil y que parece ser que lo logran. Es por ello que escribo esta crítica ya no desde mi habitual actitud belicosa y biliosa, sino desde la perplejidad.

A los niños no les gusta el gris. A los niños les gusta saber dónde están los buenos y los malos, la búsqueda del gris y el relativismo moral es cosa de adultos. Es algo que tienen tanto estas nuevas películas como aquellos delirios ochenteros. Os invito a revisar esas cintas. Muchas de ellas pierden, muchas otras no. ¿Qué es lo que falla con estas nuevas? ¿Por qué este Indiana Jones con su calavera de cristal no conmueve?

Una vez más, sospecho que es una cuestión de tono. Los mensajes ochenteros eran sencillos: no te drogues, sé bueno y pégale a los malos. Aquí es como que nos perdemos por el camino con mensajes ecologistas y demás…

En fin, tendré que hablar de la película. Un guión de corto estirado a 160 ridículos minutos. Empalague visual, que dijo un colega. Cada vez que miraba a James Cameron, que estaba en la butaca de al lado, me preguntaba con la mirada: “Qué, ¿a qué mola?” o “Te estás emocionando ¿verdad?”.

No. No siento nada. Pienso que he muerto por dentro y que ya es imposible conmoverme. Pero entonces recuerdo que hace poco vi Le salaire de la peur (El salario del miedo, 1953) y que en sus 140 minutos tuve los dientes apretados por la tensión.

El guión es nulo. La comparación se ha vuelto un tópico, pero es que estamos ante Pocahontas (1995)… que tampoco era nada original realmente. Los diálogos son de puro escándalo. No pude contener la risa en más de una ocasión y eso que no quería ofender a Cameron.

Creo que toda esta legión de críticos que la está ensalzando, salvo los dos o tres que siguen con los pies en el suelo (un saludo a Javier Ocaña, de EL PAÍS), simplemente tienen miedo de estar muertos por dentro, temor que yo también he sentido. Les digo que no pasa nada. Que mañana habremos olvidado esta película, quedará en anécdota el hecho de que pagáramos unos euros más por añadir una dimensión a la pantalla. Sus ridículas frases de entronamiento de la cinta quedarán en la tapa del DVD, pero bueno, nadie es perfecto.

En serio, son 160 minutos y ya no sé qué decir. No quiero pensar en lo poco que podré decir mañana.

Y en lo positivo…

es en 3D ¿lo sabíais?

Nota: 4/10. Para lo larga que es tampoco he sufrido tanto. Pero he sufrido, que conste.

2012 (Roland Emmerich, 2009)

•21 noviembre 2009 • 6 comentarios

¿Por qué, para qué…?

Es en vano tratar de hacerse estas preguntas. Ya es tarde, ya he visto la película. Es una de esas en las que te sientes verdaderamente sucio al final. Generalmente esta suciedad deriva del pertenecer al género humano (Koyaanisqatsi, Godfrey Reggio, 1982). En este caso también es por pertenecer al género humano, pero por compartir especie con los que aplauden dos filas más atrás y con los que Roland Emmerich pretende emocionar.

Una historia que podría haberse salvado de la nota mínima, pero logra esquivar todas las subtramas interesantes con gran agilidad. Me explico: es el fin del mundo, está claro que queremos ver reventar símbolos internacionales. Pero habrá que hilar una escena de despilfarro de efectos especiales con la otra. La opción elegida es ver como John Cusack trata de salvar a su familia del malo más malo del mundo: el desastre natural. Esto incluye huir de volcanes, terremotos, etc.

A su favor diré que escapa de la parte más estúpida de la película sin profundizar demasiado: el hecho de que el mundo se acaba. Con un poquito de jerga científica basta; nadie se pone a explorar pirámides mayas para observar con cara de horror inscripciones talladas en la piedra de la civilización con el calendario más exacto y, sin embargo, sin rueda. Eso no sucede.

Si el mundo se acaba, puedes rodarlo centrándote en la desgracia individual o en la colectiva. La colectiva son los planos recurso de gente huyendo y muriendo. Esta gente que muere no te importa nada, pues son pequeños puntos. Ahora, ¿quiénes serían los afortunados que se salvarían de esta carnicería organizada por los mayas y los neutrinos del sol? Los ricos y los poderosos. John Cusack, nuestro héroe, no es ni rico ni poderoso, así que la pura suerte y el empeño serán suficientes para que, al menos, tenga posibilidad de salvarse.

La familia de Cusack sigue la vieja estructura de hijo mayor e hija pequeña y triste divorcio con nuevo papá que le cae mal a Cusack. Recuerda a Señales (Shyamalan, 2002) o La guerra de los mundos (Spielberg, 2005). Sí, la niña es monísima y el niño es rebelde. El nuevo papá, al menos, no es tan malo como podría esperarse.

Una vez más, estamos ante una película que no encuentra su lugar. Lejos de ser un mero mago del dinero y el efecto especial, Emmerich pretende conmover y dar lecciones morales. Así acabamos en una especie de fábula comunista en la que la única solución es ayudarse todos entre todos a pesar de las diferencias. Esto se demuestra mediante el viejo y complejo dilema ético de: ¿Salvamos a esta gente o no la salvamos? Recuerda a aquel capítulo de Los Simpson en que Ron Howard está vendiendo el guión de Homer y cuenta aquello de “Debe decidir si su mejor amigo vivirá o… morirá…”. Y si os lo estáis preguntando, sí, mucha gente se abraza y se llama por teléfono,

La toma final es de pandereta.

Lo dicho: mediocre, ni siquiera los efectos especiales hacen que merezca verla, pues no son tan buenos. Abrumadora e innecesariamente larga (¡158 minutos!), aburrida, moralista, …

Nota: 1/10. Sí, es la nota mínima. No, no la veáis. Ya sé que al menos puede parecer vagamente divertida (¿Qué mejor que sentarse y ver reventar cosas? No todo va a ser Bergman) pero no. Aburre. Insulta.

Solaris (Steven Soderbergh, 2002)

•8 noviembre 2009 • 2 comentarios

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Soderbergh es un tío un poco raro. Aclamado por el círculo “indie” por aquella Sexo, mentiras y cintas de vídeo (Sex, lies and videotapes, 1989) es una especie de eterno outsider, un Danny Boyle, un tipo que definitivamente hace cine de autor… pero ¿cuáles son sus huellas de enunciación, de autoría? Nadie le va a acusar de hacer dos películas iguales. Bueno, sí, esas terribles secuelas de los Ocean’s, pero no vienen al caso.

Tal como le da por hacer filmes pasto para los Óscar, le da por hacer un remake de la espectacular Solaris (Solyaris, 1972) de Tarkovsky. Proyecto que, cuanto menos, aterra. Recordemos que una de las obras cumbre de Tarkovsky dura poco menos de tres horas y evidentemente fue financiada por el gobierno soviético. Se trata de una película lenta, reflexiva, contemplativa ante todo… ¿Cómo puede alguien con la tendencia al videoclip de Soderbergh (su The girlfriend experience como ejemplo más evidente) enfrentarse a semejante despropósito? ¿Con James Cameron como productor…?

La cosa ya de por sí prometía bastante poco. Pero sorprende positivamente y responde a la eterna duda de qué hubiera pasado si en vez de ir los soviéticos a Solaris, hubieran ido los estadounidenses. Esta claro que lo primero que habrían hecho es enviar a George Clooney y no a… Donatas Banionis.

Soderbergh esquiva la primera piedra con éxito: la ciencia ficción es una excusa. El debate que se plantea es el moral; la ciencia ficción es una excusa para hacer una película. “En Stalker y en Solaris si algo no me interesaba era la cienciaficción”, así habló Tarkovsky.

De esta manera, Soderbergh se desmarca rápido y nos envía a las inmediaciones del planeta Solaris. Una introducción de unos 40-50 minutos se convierte en un corto preámbulo de apenas 10. A Soderbergh le da bastante igual. Decide que en vez de interminables planos de zoom parsimonioso y reflexivo (aunque también hay alguno) toca corte de primer plano conjunto (tiene tanto de romance como de ciencia-ficción, esto es, el toque justo, así que la cosa requiere) a plano medio, contraplano y volvemos a empezar. Se nota que se lo pasa bien más tarde, en la sala de montaje y la cosa le va muy bien.

Seres que surgen de los recuerdos, eso es lo que da Solaris. Seres incompletos, que te tienen a ti y a Solaris como un creador. En cierto modo no se puede aprender nada de los sueños, pues no hemos recogido nada de fuera… de ahí esa incompletitud. Curiosamente, este dilema sale fuera de la película y nos puede llevar a delirios varios sobre la condición del remake… ¿Qué son estas marionetas, merecen vivir, nos dan algo nuevo o son sólo lo anterior con incómodas carencias?

La película convierte 165 minutos en 90; las carencias son inevitables. Pero parece que, a pesar de todo, Soderbergh supo captar el espíritu, la esencia de su original soviético o quizá la obra original del polaco Stanislav Lem. Es por ello que el resultado es efectivo. Sus detractores no hacen más que ensalzarla y darle puntos: Sí, es lenta. Sí, “no pasa nada”.

Especialmente destacable y fiel al espíritu, casi sobrepasando a la original, es la escena del primer encuentro con la “réplica” y ese tenso plano-contraplano; Kelvin (Clooney) no habla con su mujer, habla con Solaris.

Solaris cambia pues su color, ahora es púrpura, azulado y no amarillo brillante. Pierde sus mejores escenas o las que yo recordaba con mayor nitidez, aquella descripción de la terrible visión de uno de los científicos o el cumpleaños en la biblioteca. Pero mantiene lo indispensable para su supervivencia y el resultado es efectivo, en buena parte por la buena mano de Soderbergh tanto con la cámara como en la sala de montaje.

Nota: 7/10; a dos largos pasos de su maestro titiritero, pero se mantiene en pie sola.

Decasia (Decasia: The State of Decay, Bill Morrison, 2002)

•26 septiembre 2009 • 1 comentario

decasia

El cine se está pudriendo. Literalmente.

Debido a un almacenamiento inadecuado, a la negligencia, a … el nitrato…

“Decasia”… un título bello y evocador, es un film que tendremos que calificar de experimental. Pensado para exhibirse como obra en museos, se puede ver en algo más de una hora esta serie de fotogramas semidestruidos, quemados… Bill Morrison hizo un largo trabajo de recopilación con la ayuda de diversos museos, filmotecas, etc.

El resultado es aterrador. Acompañados por la terrible banda sonora de Michael Gordon, poco armónica, pero inseparable de este material,  aparecen estas imágenes… en ocasiones la ausencia de éstas, poco más que agujeros en película.

El cine experimental ha de aportar una experiencia. Esto es lo que hace “Decasia”, confunde, perturba, ¿da qué pensar? ¿O sólo algo que sentir? Muchas veces no sabemos qué estamos viendo en pantalla o por qué la gente hace lo que hace. ¿Por qué baila ese hombre árabe al inicio, con esa desesperanza? ¿A dónde fue ese éxtasis a cámara lenta? ¿A qué golpea ese hombre, a parte de a la parte derecha de un fotograma calcinado? ¿Por qué grabar esas caras de niños en un autobús, esas caras llenas de agujeros… dónde están esos niños? Todo pierde significado con el paso del tiempo, se descontextualiza, se presenta como horrible, confuso, nada puede quedar registrado… el andar de las monjas en el patio de colegio se vuelve siniestro, lento; conmociona.

 

Un hombre sube por una escalera que parece dirigirse al cielo. A cada peladaño, su pierna asoma pareciendo kilométrica.

Qué experiencia

Nota: 10/10, por el momento, lo mejor de esta década que agoniza. No puedo añadir mucho más. Entiendo, sin embargo, que no queráis ver una película de fotogramas quemados. Estoy belicoso y espero comentarios del tipo “tomadura de pelo”. Fuera esos puños.

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Milarepa (Milarepa: Magician, Murderer, Saint, Neten Chokling, 2006)

•14 septiembre 2009 • 6 comentarios

milarepa

En busca de países raros que rueden películas, te despiertas en Bután.

El Tíbet, sus leyendas. Milarepa: Mago, Asesino, Santo. Todo tiene aire misterioso…

El padre del prota, que creo que es Milarepa y sólo sale los primeros 10 minutos, la palma. Entonces su hijo (que es el auténtico protagonista y se llama Topanga o algo muy parecido) tiene que irse junto a su madre a vivir con sus tíos. Milarepa era rico, pero éste dejó escrito en su testamento que Topanga sólo podría pasar por caja cuando se casase.

Total, que los tíos dan buena cuenta de la herencia y empiezan a despilfarrar. En teoría hacen trabajar a Topanga y a su madre como esclavos. Esto es algo que no queda muy claro, pues la única prueba que tenemos de ello es que la madre se queja sin parar toda la primera parte de la película. En un principio me hizo pensar que Topanga, harto de las quejas de su progenitora y deseoso de continuar con la oportunidad de la vida campesina que le brindan sus tíos, se rebelaría contra ella y le hundiría la cara en el lodazal.

Es cierto que aparecen trabajando varias veces, pero Topanga parece disfrutar bastante de ello. Es sólo por las constantes quejas de la madre sobre la miserable vida que llevan que se deduce que su existencia es miserable.

Un buen día la madre arma una fiesta para poner en evidencia a los tíos pidiendo que les devuelvan la herencia. Los tíos dicen que qué herencia. Que les han dado cobijo y alimentos a él y al hijo, que por cierto es muy grande y tiene cara de atontado. Nadie apoya a la madre, los invitados a la fiesta sólo venían a zampar y pasan de todo. Eso sí, una señora le dice la enigmática frase “Si sois muchos, usad la fuerza, si sois pocos, usad la magia” (frase aproximada). Es por ello que la madre envía a Topanga a aprender brujería; para poder vengarse de sus tíos.

Resulta decepcionante ver cómo llega ante el gran maestro brujo, tras una serie de aventurillas y paisajes algo dignos, y sin más, le acepta como discípulo, sabiendo además que su motivo es la pura y dura venganza. Y no sólo eso, es una especie de academia Jedi, llena hasta los topes (debe de haber una gran cantidad de tíos cabrones por el mundo).

Esta parte tampoco resulta muy emocionante. Lo único que hacen es levantar piedras con la mente sin que siquiera se vea el esfuerzo de este aprendizaje. Con eso no le va a poder dar la paliza que (supuestamente) merecen sus tíos, así que tiene que ir a otro brujo más importante. Éste le enseña magia más potente y ya está listo para la venganza.

====SPOILER==== (Podéis seguir leyendo, no creo que veáis esta película en vuestra miserable existencia cinéfila)

Así que Topanga llega al pueblo y arma una masacre colosal. Luego se arrepiente mucho. Su madre da botes de alegría, lo que tanto esperaba ha llegado. Topanga está, como venía diciendo, muy arrepentido, no se da cuenta de que su arrepentimiento viene de haber matado a decenas de inocentes y no sólo a sus tíos. Es algo que no se contempla en la película.

Eh… pero aún quedan 10 minutos de película… nuestro protagonista debe alcanzar el nirvana (Magician sí, Murderer vaya que sí y Saint aún no)… pero la película se regodea en su arrepentimiento, en repetirnos las imágenes de la masacre que lo atormentan. Así que cuando va a hallar la paz se acaba la película.

====FIN DE SPOILER====

Total, que hay segunda parte, supuestamente rodada este año según se nos informa en el cartelón que aparece al final, junto a una explicación de que Milarepa es la leyenda favorita de los tibetanos. Menudo pueblo.

La película resulta predecible, no crea tensión alguna, pero aún así extrañamente consigue entretener lo suficiente como para no desesperar. No tiene, en realidad, ningún toque exótico. Recuerda perfectamente en tema y estructura a cualquier producción de Hollywood, que sospecho que es lo que pretendía el director, el tal Neten Chokling, que debe estar muy enfrascado en su segunda parte.

Nota: 5/10. Por cambiar la raza de los actores, el idioma de estos y los paisajes… no se consigue algo diferente. Estamos igual. Pero tampoco llega a aburrir en exceso.