Antes del amanecer (Before Sunrise, Richard Linklater, 1995)

•29 abril 2010 • 1 comentario

Está claro que hay géneros inferiores. El cine de terror está en un pozo negro. La comedia hace tiempo que no da una, desde Frasier por lo menos. El western sigue molando. El drama reina e impera. El cine de acción trata de salir a flote.

Pero el peor de todos los géneros es la comedia romántica. ¿Es esto una comedia romántica? No lo tengo claro. ¿Es un romance, a secas? No creo, romance es In the mood for love (Deseando amar) (Wong Kar-wai, 2000) ¿O eso era un drama romántico? ¿O lo es esto? No lo sé.

El caso es que esto termina por ser un buen producto. Antes del amanecer tiene suficientes componentes Linklater como para mantenerme entretenido.

¿Qué son los componentes Linklater? Las marcas de la casa: la charla pasada de vueltas. Ya desde Slacker (1991) se ve lo que le gusta a este tipo. Mostrar charlas que tiene la gente, teorías; gente que tiene algo que decir, como explicó para la estupenda y fuera de clasificación Waking life (2001). Esto va desde artículos dignos de la bastante indigna Muy interesante a simples reflexiones que no suelen salir de las libretas, pasando por esas historias variopintas que nos gusta contar tras unas copas.

«¡Jo, qué cine!»

Mezclas con romance algo desesperado y agitas. Voilà. ¿A quién le va a gustar esta película? Pues a casi todo el mundo, pues la historia de amor engancha (un chico y una chica que se han cruzado por casualidad para partir al día siguiente cada uno a su destino) y las diatribas linklater despiertan.

¿Dio esta película esperanzas al género? Puede que sí, pues Michel Gondry decidió darle una oportunidad años más tarde con ¡Olvídate de mí! (otra de mis queridas traducciónes casi a la altura de ¡Jo, qué noche!: Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004) y La ciencia del sueño (The science of sleep, 2006) para darle algo con lo que justificar su existencia.

Pero probablemente ésta fue la primera.

Nota: 7/10. Me creo la historia dentro de lo creíble. A los actores, no demasiado. Pero es una película simpática.

Los límites del control (The limits of control, Jim Jarmusch, 2009)

•13 abril 2010 • 3 comentarios

Los límites del tedio.

Soy muy dado a esta etiqueta, al cine del tedio. Todo empezó por la «Trilogía de la muerte» de Van Sant (Gerry, Elephant, Last Days). Quedé alucinado con estas películas. No son de estas de «no pasa nada». Es mucho peor que todo eso.

Claro que al acuñar el término, este requiere ciertas reglas. ¿Qué es cine del tedio y qué no lo es? No lo inventó Van Sant, pues he seguido sus pasos hasta 1977… Killer of sheep, de Charles Burnett. De hecho, como una señal de los dioses del Tedio, fue la primera que vi. No sabía qué pasaba. Un negro en un barrio de negros que trabaja en un matadero. Recuerdo una escena en la que unos tipos llegan a su casa y le proponen matar a alguien a cambio de dinero. Joven y alocado, pensé «Ahora empieza la película». Qué mentira. El tipo los manda a paseo. En lugar de asesino a sueldo tenemos nada. Era como si la película lograse esquivar todas las posibles tramas interesantes con pasmosa agilidad.

Con el cine del tedio he llegado a países tan dispares como Vietnam, Paraguay, Hungría, Taiwán, … el tedio es de alcance mundial.

Sospecho que una buena película del tedio puede resumir su argumento en una frase, más o menos larga, que explique con ella gran parte del metraje de la película. Probaré con la que nos atañe, la última de Jarmusch:

«Un tipo en una misión secreta va tomando café en cafeterías mientras tiene conversaciones extrañas con personajes pintorescos»

Pues de eso trata The limits of Control. Lo peor ya lo sabéis. Que me ha gustado.

Es como coger esta rama dura de Van Sant de la ya mencionada trilogía y darle un poquito del montaje videoclipero de Soderbergh. Es una especie de anuncio muy largo e hipnótico. Tampoco creo que la película disgustase a Wong Kar-Wai. Cada plano tiene fuerza, está medido. Y todo acompañado con una excelente banda sonora instrumental de un tal Boris.

Cameos por todas partes: Óscar Jaenada (de mi queridísima Noviembre, cuya crítica a su película me ha ganado varios amigos), Luis Tosar (a mi ver, de los peores, pero bueno, se redimió con Celda 211), Bill Murray…

«Mira nena, llevo ya como una hora tomando cafés y teniendo conversaciones raras, dime ya si la peli va a algún lado»

Las situaciones son repetidas. Esto llega a ser hasta cómico. Pero es que probablemente sea el mensaje de la película. El mundo como lugar diminuto, «como un puñado de tierra» y sus reflexiones pueden ser el zeitgeist de nuestro tiempo, la esencia de la época. Eso, y el tedio, claro.

En fin, la particular visión del cine de espías por parte del bueno y loco Jarmusch.

Nota: 7/10, aunque entiendo que no os queráis pasar por diversas cafeterías españolas para escuchar conversaciones extrañas.

El libro de Eli (The Book of Eli, Hughes Brothers, 2010)

•21 marzo 2010 • 3 comentarios

En un futuro apocalíptico en el que todos deben usar gafas de sol, Denzel puede ser Denzel. ¿Ves pelis de Denzel?

Observemos el panorama negro. Samuel L. Jackson es un tipo duro tirando a malo, amoral en muchos casos, le mola salir en todas las películas. Forrest «ojopipa» Whitaker puede permitirse papeles raritos. Morgan Freeman es un negro mágico y sabio. Puede decir una frase que cambiará el rumbo de tu vida.

Pero Denzel es Denzel. Denzel, Denzel. Es recto, es moral, es de pocas palabras y, como el más habitual de los Nicolas, está atormentado por su pasado.

Inevitable comparar con La carretera (The road, John Hillcoat, 2009) pues aquí se acaba de estrenar. Evidentemente la de Viggo tenía más aspiraciones. En común tienen ese habitual toque videojuego de las películas apocalípticas: recoges objetos comunes que en ese contexto son muy valiosos y los utilizas más adelante. Pero bueno, Eli sólo quiere entretenerte, eso sí, con rectitud moral. ¿Lo consigue? ¿Es un The road para tontos?

También está el toque Western… forastero llega a la ciudad. Nadie se avergüenza de usar este tópico… supongo que tampoco hay por qué.

El de la fotografía se sabe dos trucos muy buenos: desaturación y escenarios abiertos en los que el cielo ocupe gran parte del plano. Si no le dejan hacer esto último, se rebota y luego nos toca un plano entero del cielo. En realidad está bastante bien. Y la desaturación es muy apocalíptica.

Como ya sabemos, el cine de acción es una mierda. Hey, pero no es una generalización malvada ni pretenciosa. Se puede señalar un culpable y es Ridley Scott y su cámara epiléptica introducida en Gladiator (2000). Por fortuna, en estos tiempos en que «acción» quería decir que la cámara se moviera violentamente, se abandona esta tendencia por estúpida. El cine de acción comienza a mostrar acción y no tiovivos a la cámara. El libro de Eli lo hace. Bien.

En interpretaciones, nada destacabale. Un Denzel sobre Denzel a Denzel. Está Gary Oldman y hace de malo. Sale Tom Waits de secundario anecdótico. Tampoco se esperaba nada.

Denzel desaturado contra el cielo. Niños, sed como Denzel.

El argumento, para lo relativamente pobre que es, está bien llevado, los bajones en el ritmo tampoco son mortales. Mensaje tirando a ambiguo. Tiene ciertas incoherencias, pero al no mostrar mucho del por qué del desastre que nos hace llevar gafas de sol tampoco hay mucho que defender.

¿Por qué la película no aprueba? Por los últimos 5-10 minutos. Innecesarios. Han elegido dejar contentos a unos cuantos y cabrearme a mí. ¡Qué gran error!

Ah, y en un mundo apocalíptico en el que hay que llevar gafas de sol, Denzel se lava con toallitas del KFC y escucha su iPod para poder pasar el tormento de sus noches. Créelo o no.

Nota: 4/10. Como producto de entretenimiento no está mal. Tiene algunos toques originales. Lo peor, el último tramo, ganas de subir al final, sin motivo.

La luz azul (Das Blaue Licht, Leni Riefenstahl, 1932)

•25 febrero 2010 • 5 comentarios

A veces, tirando del hilo, uno se encuentra algo que no esperaba. O le cae una piedra encima. Esto es una advertencia para cinéfilos cándidos e inocentes.

Leni Riefenstahl. Polémica mujer, pues fue la directora «oficial» del III Reich, la favorita de Hitler. ¿Cómo llegó a ello? Parece que a Hitler le impresionó especialmente esta primera película suya…

Das Blaue Licht. Viendo el innegable talento visual y habilidad para el montaje de esta señorita, uno cree saber a lo que viene. Se encasilla dentro del Bergfilm, algo así como «cine de montaña», según algunos es a los alemanes lo que el Western a los estadounidenses. Así que, viniéndole a la memoria impresionantes obras como El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, 1935)  la imaginación empieza a trabajar. A la cabeza llegan imágenes de espectaculares teutones sin camiseta escalando escarpadas montañas en pos de una Alemania mejor, tendones tensados agarrándose a las rocas y todo ello contra un cielo cruel que debe ser dominado.

Una montaña, a cuyo pie se encuentra un diminuto pueblecito, emite una luz azul las noches de luna llena. Esas noches, los niños tratan de escalar el monte… y allí encuentran la muerte. Prometedor ¿verdad? Pues siendo generosos, se puede decir que la historia se mueve entre lo poco interesante y los superfluo, haciendo largas paradas en lo directamente irritante.

Pero no es esto lo peor. Lo peor es la dirección, que es tan cutre que roza lo kitsch por momentos. La peor planificación de planos que he visto en mucho tiempo. Un montaje risible. Si bien es cierto que algunas imágenes son potentes y hasta en el delirio de la búsqueda de algo a lo que agarrarse recuerdan al mejor Theodor Dreyer de Vampyr, la bruja vampiro (Vampyr – Der Traum des Allan Grey, 1931) la mayor parte del tiempo sólo parecen una descabellada búsqueda de la belleza. El plano recurso aparece, bello alguna vez, molesto la mayor parte de las veces.

Ningún plano encaja con el siguiente. Roturas del eje constantes. Nunca sabes dónde estás, la cámara se pone donde a la Riefenstahl le pareciera bien aquella tarde, nunca sabes dónde está nada. Si un personaje mira en dirección a otro en el lado derecho de la pantalla ¿¿Por qué aparece éste segundo luego por la izquierda?? Ejemplos como estos son constantes. Hasta el espectador más amateur, puede que sin saber por qué, se sentirá molesto, confuso.

Dura una hora y 20 minutos, pero parece que estemos ante otra Olympia de 225 minutos. Por en medio de la historia, fútiles intentos de demostrar talento visual, planos recurso sin ningún sentido. Si la dirección falla, no sé qué es lo que hace el montaje. Probablemente lanzaron negativos de película al aire e hicieron un fiestón en la sala de montaje. Repetición de planos, repetición de ideas, repetición de todo lo ya de por sí malo.

Lo mejor para el final: la protagonista es… ¡¡La propia Riefenstahl!! ¿Hace falta decir algo de su… actuación? No, creo que no. No sé quién pensó que esta mujer era lo bastante bella para merecer un loco porcentaje de primeros planos en los que la vemos fingiendo sorpresa, aunque parezca que simplemente se le está yendo un ojo.

Simplemente atroz.

Hitler fingiendo que saluda a un colega cuando Leni le pregunta si de verdad ha visto «Das Blaue Licht». A ella esto parece divertirle. Pobre.

Nota: 2/10. Olvidadla. Yo lo intentaré el resto de mi vida. A menos que os apetezca ver un ejemplo de ofensiva dirección y pésimo montaje. Hay cierto encanto en ello.

The cooler (Wayne Kramer, 2003)

•20 febrero 2010 • Deja un comentario

Un romance en Las Vegas. Ya la hemos visto ¿verdad?

Éste es un buen ejemplo (¡Otro más!) de «película para todos». Algo convencional, pero suficientes puntos de originalidad para que olvidemos Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995) durante todo el metraje.

William H. Macy trabaja de gafe en un casino. Su mera presencia en las mesas acaba con las más increíbles rachas de suerte. Le contrata el director del local, Alec Baldwin, a quien le está devolviendo una vieja deuda de juego. Es en el casino, el Shangri-La, donde conocerá a Maria Bello (a la que hasta que vi esta película no conocía de nada). Estos tres personajes hacen girar la película: la historia del rey de perdedores que conoce a la guapa y el gigante del casino cuyo negocio se debilita por estar aferrado al pasado. Esta historia secundaria, la de Baldwin luchando contra la sangre nueva que entra en su organización, da mucho juego a la cinta.

Qué decir de estos tres actores. Todos están estupendos, pero Baldwin se los come a todos. Corpulento, desgastado, pero ante todo, old school. Fue nominado al Oscar a mejor actor secundario. Quizá sólo por él ya merezca la pena echar un vistazo a esta película. A Macy el papel le viene que ni hecho a medida. Su sonrisa de perdedor esperanzado nos hace creernos todo este tinglado. Y Maria Bello, a pesar de su personaje relativamente estereotípico, sabe estar junto a Macy.

Aunque tiene sus toques emapalagosillos, la historia de amor acaba por conmover. El rey de los patéticos ha encontrado el amor.

El empleo de la cámara es muy bueno. El anteriormente guionista y ahora director Wayne Kramer nos esconde lo que quiere, nos mantiene en movimiento y nos enseña lo que nos quiere enseñar. Y eso está bien. El tío sabe lo que hace.

La historia se permite ciertos devaneos y «deus ex machinas» con la excusa de la suerte, probablemente el tema central de la película. Pero a una película que trata sobre «Lady Luck» no se le puede echar demasiado en cara ese tema, porque tampoco es algo exagerado.

Resalto que la película no es mero entretenimiento, pero sí entretenida. Trata ciertos temas, los toca con la punta de los dedos, porque no pretende más. Da la impresión de que el lema de la producción haya sido «Vamos a hacer una buena película». Y lo es. Sin ser nada espectacular, entretiene, emociona y hace pensar una pizca. Hoy día no creo que se pueda pedir mucho más… sobre todo a un año tan irregular en materia cinéfila como fue 2003.

Nota: 7/10: Sin ser excelente, es una Película. Incomprensiblemente, se mantiene en la sombra. Una proyección en la pequeña pantalla bastaría para que se convirtiese en cine de referencia.

La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, Stuart Rosenberg, 1967)

•30 enero 2010 • 1 comentario

Dejémonos de estrenos y volvamos a clásicos inmortales.

Hay quien habla de esta película como drama carcelario. Roza lo irrelevante que Luke (Paul Newman) esté condenado a trabajos forzados.

Puestos a etiquetar, prefiero encasillarla en la corriente de los 60 que unos pocos llaman el cine liberal norteamericano. La espectacular «La jauría humana» (The Chase, Arthur Penn, 1966), la estremecedora «Danzad, danzad, malditos» (They shoot horses, don’t they? Sydney Pollack, 1969) y puede que incluso la posterior bella odisea de «Malas tierras» (Badlands, Terrence Malick, 1973).

Puntos comunes: humanidad presentada como desalmada, calor (curioso pero cierto; muchas de ellas transcurren en el sur de los EEUU), sensación de opresión, desesperanza, …

A pesar de todo puede surgir un héroe, ya sea Brando o Newman, en este caso.

La película habla de individuos y de la forja de leyendas, lejos de lo «evidente» (opresión estatal, sistemas carcelarios punitivos, …). No confundir contenido con contingente. La esencia del individuo también está presente en esta película. Luke, dado un momento especialmente angustioso, se rinde. Luego nosotros comprendemos, puede que él ni se percate, que no puede rendirse.

De nuevo, una película que expone todo lo que tiene que exponer a través de un personaje. Hilando pequeñas anécdotas que se vuelven épicas, se describe a la vez que se expone. La merendola de huevos. ¿Qué está haciendo Luke cuando dice que es capaz de comerse 50 huevos duros en una hora? Puede que poner a prueba a la misma realidad, tentar al destino, provocar al Dios que no existe… ¿por qué 50? ¿por qué no 30 o 39? «Es una cifra redonda». El hombre que no tiene nada que perder se vuelve un hombre invencible.

A veces no llevar nada es una mano cojonuda» Así nace «Cool Hand Luke», quien sistemáticamente sube un dólar.

«Un dólar»

Eterna inadaptación. El hombre de las gafas de espejo. ¿Qué pasa cuando una fuerza imparable choca con un objeto inamovible? Que tenemos una película interesante.

=== SPOILER ===

Una leyenda muere en un momento de debilidad, pero sigue viva. La otra muere, pero su leyenda se hace más grande que la vida. Las gafas son aplastadas; la sonrisa de Luke, recordada.

=== SPOILER ===

Imprescindible.

Nota: 9/10. Buen cine para todos. No hace falta nada más que sentarse para disfrutar de esta película. Posee una gran profundidad que para muchos pasa desapercibida, quizá por la facilidad con la que es transmitida. Es por ello que todos podemos disfrutar de esta película.

Teniente Corrupto (Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans, Werner Herzog, 2009)

•10 enero 2010 • Deja un comentario

Hoy he quedado con Herzog para ir a ver su última película. Nicolas no se ha venido porque tenía seis rodajes o algo así nos ha querido explicar.

Hacía un frío mortal y nevaba de camino al cine, pero no me atrevía a quejarme delante de alguien que ha tenido que soportar lluvias de flechas en el Amazonas y que hizo su primera llamada telefónica a los 17 años.

Lo primero que hay que decir del remake de Teniente Corrupto es que no es un remake. Ya está. Compráos la Cahiers du Cinema de este mes; en la entrevista Herzog no sabe pronunciar el nombre del director (Abel Ferrara) y dice que no ha visto ninguna de sus películas. Así que no tiene mucho sentido compararlas.

Como mucho, tiene sentido desde el personaje principal, que se supone el mismo, pero no lo es. El de Harvey Keitel era un personaje perseguido por su culpa… creo que no le vi una chispa de bondad en toda la película. En este caso, el bueno de Nicolas, tiene un vago equilibrio en su balanza de bueno y malo. Diría que lo que hace es nadar en el caos indiferente que tanto le gusta a Herzog. Las cosas pasan, él actúa, el universo devuelve la pelota, una vez más. Para Herzog la redención no tiene ningún puto sentido.

A pesar de todo, no se trata de una sucesión de actos corruptos. Hay un guión detrás, que aunque funcional, resulta poco interesante. El caso de Nicolas Cage importa poco, estamos ante una película que gira en torno a un personaje, y éste muchas veces se hace esperar demasiado. Personaje que por otra parte está BIEN INTERPRETADO POR NICOLAS CAGE. Sobra explicar el uso de las mayúsculas ¿no? Herzog convierte el dolor de espalda del Teniente en algo de verdad, Nicolas también sabe hacerlo. Está impresionante con un hombro 20 cm más alto que el otro, grabado desde atrás, moviéndose con monstruosa (no) soltura.

«Ostia, y mañana tengo que rodar la de los magos… cómo me funde…»

Nueva Orleans, ese fantástico escenario que nos ha dado películas tan buenas como El corazón del ángel (Alan Heart, 1987) por citar alguna, está algo ausente. Excepto… por los reptiles. Herzog sugiere durante toda la película, o eso creo que me quiso explicar, que los reptiles estaban confusos por no dominar la tierra otra vez. Que el Katrina era la oportunidad para borrar una humanidad sin humanidad. Que el mundo seguirá sin nosotros.

La música me aturde y me confunde.

Luego, cuando se acabó la película, le dije que el personaje de Eva Mendes y ella misma sobraban. Herzog me explicó que tiene cierta debilidad por las latinas. Yo le dije que es verdad, que estaba muy buena.

Nota: 6/10. Interesante. Es un 6 alto. Hay algo que no acaba de funcionar. Hay cosas que funcionan. Nicolas está bien, tiene un corazón salvaje.

Cierre del año 2009

•31 diciembre 2009 • Deja un comentario

Me han comentado que la gente es muy dada a hacer propósitos de Año Nuevo, del tipo apuntarse al gimnasio o hacer caso a lo que me digan en ¡Jo, qué cine!. Así que como comparto vuestras ganas de que cambiéis hábitos cinéfilos, os dedico este post. Lo dividiré en varias sencillas secciones para que os llenéis de grandes propósitos.

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Lo mejor de 2009: Lo mejor que ha dado este año. Quería poner 10, pero creo que lo dejaremos en 3.

1. Antichrist, de la que ya hablamos hace tiempo. También dije que no me sentía con fuerzas de recomendársela a nadie. Bueno, da igual. 8/10 y enlace a mi propia crítica, que eso de autorreferenciarse tiene muchísima clase.

2. Tres días con la familia, que curiosamente también comenté en el blog. De nuevo, un 8/10, un ejemplo de lo que puede ser buen cine español.

¿He dicho que 3 al final? Bueno, da igual. Dos está muy bien. Menuda mierda de año. Por cierto, aprovecho para recomendaros, ya que la vi en Cannes, digo, Sitges, con ciertos matices la película de próximo estreno «La carretera», basada en la novela de Cormac McCarthy.

Von Trier haciendo sufrir a las mujeres en Antichrist por todo lo que le han hecho pasar

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Lo peor de 2009: Esto no quiere decir las peores películas, porque he visto la película de Hannah Montana y no la voy a poner en mi lista. No. Esto va de películas que por un motivo u otro crearon grandes expectativas y acabaron por ser cosas infladas y decepcionantes.

1. Por supuesto, el post estrella del blog… Avatar… la revolución del cine… deberían repartir mandos de la Play en las salas, lo mismo hasta me creía algo. Un 4/10 que podría significar cualquier cosa excepto algo que cumple expectativas.

2. 2012: El Emmerich éste quería cargarse TODO y no pudo con John Cusack. Menuda castaña. También la comenté en el blog. Qué cosas hago. 1/10, con 1 como nota mínima, sin fisuras.

3. Aprovecho para prevenir contra el que probablemente vaya a ser el bombazo pseudoindie («pseudo» en letras de neón) de 2010, Mr. Nobody, de Jaco Van Dormael, que vi en el Festival de Berlín, digo, en Sitges. Protagonizada por Jared Leto, experto en meterse en películas tan (¡jaja!) trascendentales como «Réquiem por un sueño». Una cretinada conceptual de categoría, que va de trascendente y compleja, que sin duda será vendida como «preciosa», «invita a soñar», «hacía tiempo que no se hacía una película así», «fábula moderna», etc. 3/10, valiente tontería.

4. Distrito 9, esa tan cantada District 9. Otra soberana gilipollez con (¡JAJA!) complicadísimas metáforas. Encima, se vendió como «bajo presupuesto», como si sus fallos fueran de efectos especiales. Me da bastante igual lo bien o mal hechos que están los bichos, gastáos la pasta en el guión, que ofende. 4/10.

Otras tan esperadas como «Malditos bastardos» ni me han gustado mucho ni me han indignado lo suficiente. Si alguien tiene la más mínima esperanza depositada en «Solomon Kane», que vi en el Festival de cine fantástico de Toron–Sitges, que la abandone. Basura.

Cameron revoluciona difuminando las ya de por sí confusas fronteras entre cine y videojuego

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Sección «¿Todavía no has visto…?». Aquí incluyo películas clásicas aclamadas por la crítica en las que coincido completamente con su ensalzamiento, para que luego digáis. He sido bueno y me he saltado toda la etapa del cine mudo y unas cuantas más, dando el pistoletazo de salida en los 40.

1. Casablanca (Micahel Curtiz, 1942). Bogey se retuerce de dolor por el amor perdido, bebe y mira al vacío. Ingrid Bergman… oh, Ingrid… imprescindible. 9/10

2. All about Eve (Eva al desnudo, 1950). La vi el otro día de pura casualidad y me conmovió. Decadencia, ambiciones desmedidas y retos interpretativos (¡Bette Davis!). Inolvidable, 10/10.

3. Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950). Billy Wilder siempre me ha parecido un director tremendamente sobrevalorado. Pero con esta película logra atrapar y, por una vez, divertir de verdad. 9/10

4. A streetcar named Desire (Un tranvía llamado deseo, Elia Kazan, 1951). Brando no dirige, pero es que prácticamente hace cine de autor a base de actuar, aunque no le dieran el Oscar. A Vivien Leigh sí se lo dieron… y está a la altura. De nuevo, historias de decadencia y delirios de grandeza. ¿Qué pasaba en esta década?

5. High Noon (Solo ante el peligro, Fred Zinnemann, 1952). Gary Cooper. Gary Cooper. Gary Cooper. Cooper, Gary. Nos enseña que, a veces, toca hacer todo el trabajo solo. Me encanta la escena final, que apenas dura unos minutos, pero resuelve toda la película con gran elegancia.

Tendré que parar, porque sólo de los 50 (y bastantes de los 40) se me ocurren demasiadas. Qué fallo, todas estadounidenses. Otro día (o año) más y mejor.

Con estos dos no me meto. En serio.

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Y, por último, las Recomendaciones muy personales: Aquí incluyo películas que por un motivo u otro me gustan A MÍ. De complicado visionado, sólo para los más valientes en busca de experiencias fuertes.

1. Na srebrnym globie (En el globo plateado, Andrzej Zulawsky, 1987). Una auténtica odisea polaca. Confusa, larga (166 mtos), compleja, teatral, interpretaciones rayanas en la locura, fotografía sobresaliente, excelente uso del color y de los angulares. Un auténtico delirio de ciencia-ficción-ensayo-polaquismo. Encima, está inconclusa y ciertas partes tuvieron que ser narradas. Sólo puede ser un 10/10

2. INLAND EMPIRE (David Lynch, 2006) + INLAND EMPIRE: More things that happened (David Lynch, 2007). Aunque una son las escenas que no fueron incluidas en la otra y en teoría forman una nueva película, para mí son lo mismo. En total serían 252 minutos de Lynch desvariando todo lo que se contuvo en Mulholland Drive. Ésta fue la revolución del cine o la tomadura de pelo de la década. Decidan ustedes. A mi ver, estamos ante uno de los directores vivos más relevantes. 9/10 ambas, pues para mí no están verdaderamente separadas.

3. Sho o suteyo machi e deyou (Throw away your books, rally in the streets, Shuji Terayama, 1971). Desfase japonés sobre su revolución cultural. Escenas y, ante todo, monólogos, para el recuerdo. No sé si es experimental, habría que discutirlo. Ya cautivo desde su alocado comienzo. Libertad, juventud y demás desde una perspectiva tirando a existencialista. 9/10.

De Decasia no hablamos, porque ya lo hicimos.

Feliz 2010 y que tengáis y tengamos buen cine. Aunque lo dudo.

En el globo plateado, on the silver globeEsta escena es de En el globo plateado u On the silver globe. Aunque también podría ser yo mismo como blogger.

Boiling Point (3-4x Jugatsu / San tai Yon x Jujatsu, Takeshi Kitano, 1990)

•27 diciembre 2009 • Deja un comentario

El otro día vino Kitano a mi casa. Empezó a gritar; ya sabéis como se pone, parpadeando furibundamente con el ojo izquierdo por ese tic tan chulo que tiene. Que si no me había visto su filmografía, que si no hacía críticas de sus películas, ese tipo de cosas. Yo me justifiqué en que había estado atrapado en el cine viendo Avatar. Así supo perdonarme y nos pusimos a ver una de sus pelis.

Boiling Point es otra película de Yakuzas de Kitano. Sin ser ni de lejos la mejor, concluimos en que es un buen ejemplo de lo que es su cine y una en la que se pueden ver la mayor parte de sus huellas de enunciación. Estamos ante cine de autor. Un autor que te viene a dar la chapa si no ves sus películas.

Sin llegar al grado de contemplación de la posterior Sonatine (1993) ni al trepidante ritmo de Brother (2000), es como una previsión de las dos vertientes de su cine. Kitano escribe su guión y se la suda completamente aquello de «introducción, nudo y desenlace». La estructura formal (permitidme una frase manida) brilla por su ausencia.

Así que sí, sale gente jugando en la playa, igual que en Sonatine. ¿Por qué esto no es aburrido? ¿Por qué me imagino a este hombre revolcándose de risa en la sala de montaje? Kitano encuentra algo en el juego, algo divertido en ver a adultos divirtiéndose como lo hacen los niños. Uno queda hipnotizado y sin darse cuenta le pasan los minutos. Mientras, contempla a unos japoneses lanzarse una pelota.

Sobre la violencia, pasa algo parecido que con Tarantino. Al que por cierto no dejo entrar en mi casa por pesado. Bueno, a lo que iba, a los dos les encanta la calma antes de una explosión de violencia. Mientras Quentin se regodea en diálogos raretes, Takeshi se parte él solo con las situaciones absurdas que preceden a estos estallidos. Uno se queda atónito con este segundo caso, que no requiere tanta atención como el primero y permite el paso del estupor… sí, esto en cierto modo… resulta divertido.

En cualquier caso, una vez más, Kitano se hace esperar. Hasta que no aparece él en pantalla, uno no disfruta realmente. Y Kitano, como Bogart o John Wayne, siempre es Kitano. Su personaje aterra y divierte; pega tiros pero también reparte collejas sin parar.

Boiling Point contiene todo esto de manera clara. Como añadido, algún momento de fotografía sublime (algo que tampoco suele fallar en su cine) y un final que deja perplejo.

Kitano agazapado en el jardín de tu urbanización, esperando el momento propicio para obligarte a ver sus películas

Nota: 6/10. Sin ser lo mejor de Kitano, entretiene sin problemas. Takeshi, vuelve cuando quieras.

Avatar (James Cameron, 2009)

•21 diciembre 2009 • 12 comentarios


Le estoy cogiendo el gustillo a esto de criticar blockbusters. Vamos allá.

Te hablan de revolución y evidentemente no te crees nada, no eres idiota. Pues haces bien.

No sé qué pasa últimamente, a lo mejor es cosa mía, pero me da la impresión de que estos taquillazos que nos tratan de colar en esta década apelan a cierto tipo de emociones concretas. Creo que tiene algo que ver con determinadas emociones infantiles, algo así como «la magia de ver el cine cuando eras niño» o alguna gilipollez por el estilo.

Algo que identifico con los 80, aunque también con la primera trilogía de La guerra de las galaxias. Me sugieren títulos como Ghostbusters (Cazafantasmas, 1984) o Back to the future (Regreso al futuro, 1985). Siempre me da la impresión de que con este tipo de películas, en las que incluyo a la aclamadísima The Dark Knight (El caballero oscuro, 2008) pretenden tocar cierta fibra sensible rayana en lo infantil y que parece ser que lo logran. Es por ello que escribo esta crítica ya no desde mi habitual actitud belicosa y biliosa, sino desde la perplejidad.

A los niños no les gusta el gris. A los niños les gusta saber dónde están los buenos y los malos, la búsqueda del gris y el relativismo moral es cosa de adultos. Es algo que tienen tanto estas nuevas películas como aquellos delirios ochenteros. Os invito a revisar esas cintas. Muchas de ellas pierden, muchas otras no. ¿Qué es lo que falla con estas nuevas? ¿Por qué este Indiana Jones con su calavera de cristal no conmueve?

Una vez más, sospecho que es una cuestión de tono. Los mensajes ochenteros eran sencillos: no te drogues, sé bueno y pégale a los malos. Aquí es como que nos perdemos por el camino con mensajes ecologistas y demás…

En fin, tendré que hablar de la película. Un guión de corto estirado a 160 ridículos minutos. Empalague visual, que dijo un colega. Cada vez que miraba a James Cameron, que estaba en la butaca de al lado, me preguntaba con la mirada: «Qué, ¿a qué mola?» o «Te estás emocionando ¿verdad?».

No. No siento nada. Pienso que he muerto por dentro y que ya es imposible conmoverme. Pero entonces recuerdo que hace poco vi Le salaire de la peur (El salario del miedo, 1953) y que en sus 140 minutos tuve los dientes apretados por la tensión.

El guión es nulo. La comparación se ha vuelto un tópico, pero es que estamos ante Pocahontas (1995)… que tampoco era nada original realmente. Los diálogos son de puro escándalo. No pude contener la risa en más de una ocasión y eso que no quería ofender a Cameron.

Creo que toda esta legión de críticos que la está ensalzando, salvo los dos o tres que siguen con los pies en el suelo (un saludo a Javier Ocaña, de EL PAÍS), simplemente tienen miedo de estar muertos por dentro, temor que yo también he sentido. Les digo que no pasa nada. Que mañana habremos olvidado esta película, quedará en anécdota el hecho de que pagáramos unos euros más por añadir una dimensión a la pantalla. Sus ridículas frases de entronamiento de la cinta quedarán en la tapa del DVD, pero bueno, nadie es perfecto.

En serio, son 160 minutos y ya no sé qué decir. No quiero pensar en lo poco que podré decir mañana.

Y en lo positivo…

es en 3D ¿lo sabíais?

Nota: 4/10. Para lo larga que es tampoco he sufrido tanto. Pero he sufrido, que conste.

 
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