2012 (Roland Emmerich, 2009)

•21 Noviembre 2009 • 5 comentarios

¿Por qué, para qué…?

Es en vano tratar de hacerse estas preguntas. Ya es tarde, ya he visto la película. Es una de esas en las que te sientes verdaderamente sucio al final. Generalmente esta suciedad deriva del pertenecer al género humano (Koyaanisqatsi, Godfrey Reggio, 1982). En este caso también es por pertenecer al género humano, pero por compartir especie con los que aplauden dos filas más atrás y con los que Roland Emmerich pretende emocionar.

Una historia que podría haberse salvado de la nota mínima, pero logra esquivar todas las subtramas interesantes con gran agilidad. Me explico: es el fin del mundo, está claro que queremos ver reventar símbolos internacionales. Pero habrá que hilar una escena de despilfarro de efectos especiales con la otra. La opción elegida es ver como John Cusack trata de salvar a su familia del malo más malo del mundo: el desastre natural. Esto incluye huir de volcanes, terremotos, etc.

A su favor diré que escapa de la parte más estúpida de la película sin profundizar demasiado: el hecho de que el mundo se acaba. Con un poquito de jerga científica basta; nadie se pone a explorar pirámides mayas para observar con cara de horror inscripciones talladas en la piedra de la civilización con el calendario más exacto y, sin embargo, sin rueda. Eso no sucede.

Si el mundo se acaba, puedes rodarlo centrándote en la desgracia individual o en la colectiva. La colectiva son los planos recurso de gente huyendo y muriendo. Esta gente que muere no te importa nada, pues son pequeños puntos. Ahora, ¿quiénes serían los afortunados que se salvarían de esta carnicería organizada por los mayas y los neutrinos del sol? Los ricos y los poderosos. John Cusack, nuestro héroe, no es ni rico ni poderoso, así que la pura suerte y el empeño serán suficientes para que, al menos, tenga posibilidad de salvarse.

La familia de Cusack sigue la vieja estructura de hijo mayor e hija pequeña y triste divorcio con nuevo papá que le cae mal a Cusack. Recuerda a Señales (Shyamalan, 2002) o La guerra de los mundos (Spielberg, 2005). Sí, la niña es monísima y el niño es rebelde. El nuevo papá, al menos, no es tan malo como podría esperarse.

Una vez más, estamos ante una película que no encuentra su lugar. Lejos de ser un mero mago del dinero y el efecto especial, Emmerich pretende conmover y dar lecciones morales. Así acabamos en una especie de fábula comunista en la que la única solución es ayudarse todos entre todos a pesar de las diferencias. Esto se demuestra mediante el viejo y complejo dilema ético de: ¿Salvamos a esta gente o no la salvamos? Recuerda a aquel capítulo de Los Simpson en que Ron Howard está vendiendo el guión de Homer y cuenta aquello de “Debe decidir si su mejor amigo vivirá o… morirá…”. Y si os lo estáis preguntando, sí, mucha gente se abraza y se llama por teléfono,

La toma final es de pandereta.

Lo dicho: mediocre, ni siquiera los efectos especiales hacen que merezca verla, pues no son tan buenos. Abrumadora e innecesariamente larga (¡158 minutos!), aburrida, moralista, …

Nota: 1/10. Sí, es la nota mínima. No, no la veáis. Ya sé que al menos puede parecer vagamente divertida (¿Qué mejor que sentarse y ver reventar cosas? No todo va a ser Bergman) pero no. Aburre. Insulta.

Solaris (Steven Soderbergh, 2002)

•8 Noviembre 2009 • 2 comentarios

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Soderbergh es un tío un poco raro. Aclamado por el círculo “indie” por aquella Sexo, mentiras y cintas de vídeo (Sex, lies and videotapes, 1989) es una especie de eterno outsider, un Danny Boyle, un tipo que definitivamente hace cine de autor… pero ¿cuáles son sus huellas de enunciación, de autoría? Nadie le va a acusar de hacer dos películas iguales. Bueno, sí, esas terribles secuelas de los Ocean’s, pero no vienen al caso.

Tal como le da por hacer filmes pasto para los Óscar, le da por hacer un remake de la espectacular Solaris (Solyaris, 1972) de Tarkovsky. Proyecto que, cuanto menos, aterra. Recordemos que una de las obras cumbre de Tarkovsky dura poco menos de tres horas y evidentemente fue financiada por el gobierno soviético. Se trata de una película lenta, reflexiva, contemplativa ante todo… ¿Cómo puede alguien con la tendencia al videoclip de Soderbergh (su The girlfriend experience como ejemplo más evidente) enfrentarse a semejante despropósito? ¿Con James Cameron como productor…?

La cosa ya de por sí prometía bastante poco. Pero sorprende positivamente y responde a la eterna duda de qué hubiera pasado si en vez de ir los soviéticos a Solaris, hubieran ido los estadounidenses. Esta claro que lo primero que habrían hecho es enviar a George Clooney y no a… Donatas Banionis.

Soderbergh esquiva la primera piedra con éxito: la ciencia ficción es una excusa. El debate que se plantea es el moral; la ciencia ficción es una excusa para hacer una película. “En Stalker y en Solaris si algo no me interesaba era la ciencia-ficción”, así habló Tarkovsky.

De esta manera, Soderbergh se desmarca rápido y nos envía a las inmediaciones del planeta Solaris. Una introducción de unos 40-50 minutos se convierte en un corto preámbulo de apenas 10. A Soderbergh le da bastante igual. Decide que en vez de interminables planos de zoom parsimonioso y reflexivo (aunque también hay alguno) toca corte de primer plano conjunto (tiene tanto de romance como de ciencia-ficción, esto es, el toque justo, así que la cosa requiere) a plano medio, contraplano y volvemos a empezar. Se nota que se lo pasa bien más tarde, en la sala de montaje y la cosa le va muy bien.

Seres que surgen de los recuerdos, eso es lo que da Solaris. Seres incompletos, que te tienen a ti y a Solaris como un creador. En cierto modo no se puede aprender nada de los sueños, pues no hemos recogido nada de fuera… de ahí esa incompletitud. Curiosamente, este dilema sale fuera de la película y nos puede llevar a delirios varios sobre la condición del remake… ¿Qué son estas marionetas, merecen vivir, nos dan algo nuevo o son sólo lo anterior con incómodas carencias?

La película convierte 165 minutos en 90; las carencias son inevitables. Pero parece que, a pesar de todo, Soderbergh supo captar el espíritu, la esencia de su original soviético o quizá la obra original del polaco Stanislav Lem. Es por ello que el resultado es efectivo. Sus detractores no hacen más que ensalzarla y darle puntos: Sí, es lenta. Sí, “no pasa nada”.

Especialmente destacable y fiel al espíritu, casi sobrepasando a la original, es la escena del primer encuentro con la “réplica” y ese tenso plano-contraplano; Kelvin (Clooney) no habla con su mujer, habla con Solaris.

Solaris cambia pues su color, ahora es púrpura, azulado y no amarillo brillante. Pierde sus mejores escenas o las que yo recordaba con mayor nitidez, aquella descripción de la terrible visión de uno de los científicos o el cumpleaños en la biblioteca. Pero mantiene lo indispensable para su supervivencia y el resultado es efectivo, en buena parte por la buena mano de Soderbergh tanto con la cámara como en la sala de montaje.

Nota: 7/10; a dos largos pasos de su maestro titiritero, pero se mantiene en pie sola.

Decasia (Decasia: The State of Decay, Bill Morrison, 2002)

•26 Septiembre 2009 • Dejar un comentario

decasia

El cine se está pudriendo. Literalmente.

Debido a un almacenamiento inadecuado, a la negligencia, a … el nitrato…

“Decasia”… un título bello y evocador, es un film que tendremos que calificar de experimental. Pensado para exhibirse como obra en museos, se puede ver en algo más de una hora esta serie de fotogramas semidestruidos, quemados… Bill Morrison hizo un largo trabajo de recopilación con la ayuda de diversos museos, filmotecas, etc.

El resultado es aterrador. Acompañados por la terrible banda sonora de Michael Gordon, poco armónica, pero inseparable de este material,  aparecen estas imágenes… en ocasiones la ausencia de éstas, poco más que agujeros en película.

El cine experimental ha de aportar una experiencia. Esto es lo que hace “Decasia”, confunde, perturba, ¿da qué pensar? ¿O sólo algo que sentir? Muchas veces no sabemos qué estamos viendo en pantalla o por qué la gente hace lo que hace. ¿Por qué baila ese hombre árabe al inicio, con esa desesperanza? ¿A dónde fue ese éxtasis a cámara lenta? ¿A qué golpea ese hombre, a parte de a la parte derecha de un fotograma calcinado? ¿Por qué grabar esas caras de niños en un autobús, esas caras llenas de agujeros… dónde están esos niños? Todo pierde significado con el paso del tiempo, se descontextualiza, se presenta como horrible, confuso, nada puede quedar registrado… el andar de las monjas en el patio de colegio se vuelve siniestro, lento; conmociona.

 

Un hombre sube por una escalera que parece dirigirse al cielo. A cada peladaño, su pierna asoma pareciendo kilométrica.

Qué experiencia

Nota: 10/10, por el momento, lo mejor de esta década que agoniza. No puedo añadir mucho más. Entiendo, sin embargo, que no queráis ver una película de fotogramas quemados. Estoy belicoso y espero comentarios del tipo “tomadura de pelo”. Fuera esos puños.

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Milarepa (Milarepa: Magician, Murderer, Saint, Neten Chokling, 2006)

•14 Septiembre 2009 • 4 comentarios

milarepa

En busca de países raros que rueden películas, te despiertas en Bután.

El Tíbet, sus leyendas. Milarepa: Mago, Asesino, Santo. Todo tiene aire misterioso…

El padre del prota, que creo que es Milarepa y sólo sale los primeros 10 minutos, la palma. Entonces su hijo (que es el auténtico protagonista y se llama Topanga o algo muy parecido) tiene que irse junto a su madre a vivir con sus tíos. Milarepa era rico, pero éste dejó escrito en su testamento que Topanga sólo podría pasar por caja cuando se casase.

Total, que los tíos dan buena cuenta de la herencia y empiezan a despilfarrar. En teoría hacen trabajar a Topanga y a su madre como esclavos. Esto es algo que no queda muy claro, pues la única prueba que tenemos de ello es que la madre se queja sin parar toda la primera parte de la película. En un principio me hizo pensar que Topanga, harto de las quejas de su progenitora y deseoso de continuar con la oportunidad de la vida campesina que le brindan sus tíos, se rebelaría contra ella y le hundiría la cara en el lodazal.

Es cierto que aparecen trabajando varias veces, pero Topanga parece disfrutar bastante de ello. Es sólo por las constantes quejas de la madre sobre la miserable vida que llevan que se deduce que su existencia es miserable.

Un buen día la madre arma una fiesta para poner en evidencia a los tíos pidiendo que les devuelvan la herencia. Los tíos dicen que qué herencia. Que les han dado cobijo y alimentos a él y al hijo, que por cierto es muy grande y tiene cara de atontado. Nadie apoya a la madre, los invitados a la fiesta sólo venían a zampar y pasan de todo. Eso sí, una señora le dice la enigmática frase “Si sois muchos, usad la fuerza, si sois pocos, usad la magia” (frase aproximada). Es por ello que la madre envía a Topanga a aprender brujería; para poder vengarse de sus tíos.

Resulta decepcionante ver cómo llega ante el gran maestro brujo, tras una serie de aventurillas y paisajes algo dignos, y sin más, le acepta como discípulo, sabiendo además que su motivo es la pura y dura venganza. Y no sólo eso, es una especie de academia Jedi, llena hasta los topes (debe de haber una gran cantidad de tíos cabrones por el mundo).

Esta parte tampoco resulta muy emocionante. Lo único que hacen es levantar piedras con la mente sin que siquiera se vea el esfuerzo de este aprendizaje. Con eso no le va a poder dar la paliza que (supuestamente) merecen sus tíos, así que tiene que ir a otro brujo más importante. Éste le enseña magia más potente y ya está listo para la venganza.

====SPOILER==== (Podéis seguir leyendo, no creo que veáis esta película en vuestra miserable existencia cinéfila)

Así que Topanga llega al pueblo y arma una masacre colosal. Luego se arrepiente mucho. Su madre da botes de alegría, lo que tanto esperaba ha llegado. Topanga está, como venía diciendo, muy arrepentido, no se da cuenta de que su arrepentimiento viene de haber matado a decenas de inocentes y no sólo a sus tíos. Es algo que no se contempla en la película.

Eh… pero aún quedan 10 minutos de película… nuestro protagonista debe alcanzar el nirvana (Magician sí, Murderer vaya que sí y Saint aún no)… pero la película se regodea en su arrepentimiento, en repetirnos las imágenes de la masacre que lo atormentan. Así que cuando va a hallar la paz se acaba la película.

====FIN DE SPOILER====

Total, que hay segunda parte, supuestamente rodada este año según se nos informa en el cartelón que aparece al final, junto a una explicación de que Milarepa es la leyenda favorita de los tibetanos. Menudo pueblo.

La película resulta predecible, no crea tensión alguna, pero aún así extrañamente consigue entretener lo suficiente como para no desesperar. No tiene, en realidad, ningún toque exótico. Recuerda perfectamente en tema y estructura a cualquier producción de Hollywood, que sospecho que es lo que pretendía el director, el tal Neten Chokling, que debe estar muy enfrascado en su segunda parte.

Nota: 5/10. Por cambiar la raza de los actores, el idioma de estos y los paisajes… no se consigue algo diferente. Estamos igual. Pero tampoco llega a aburrir en exceso.

Lord of the flies (El señor de las moscas, Harry Hook, 1990)

•7 Septiembre 2009 • 2 comentarios

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 Un avión se estrella y el grupo de niños que viajaba en él acaba en una isla desierta.

Se trata, más o menos, de cine-ensayo, el tema de la supervivencia tiene escaso interés, no es cine de aventuras, al menos al uso. El interés de la cinta recáe en los problemas morales a los que se enfrentan los niños. ¿Cómo se comportarán en ausencia de adultos y civilización?

Mi problema con esta película es el mismo que con el libro, de William Golding: desaprovechado. Es un tema muy interesante el de “el buen salvaje”, pero me parece que no se trata lo suficiente. Es lo que sucede en la primera parte de la película, quizá se deambula en exceso. Pero por suerte en la segunda parte comienza la acción, los niños se desmadran y los frágiles ¿pilares? en los que se asentaba la moral de estos críos se desmoronan.

Un problema que hay con la película, que quedará en mera anécdota, es el de los protagonistas. Ralph, el protagonista Rosseauiano (bueno por naturaleza) tiene el aspecto del Jack Hobbesiano (tiende al mal por naturaleza) y viceversa. O así creo recordar que los describían en el libro.

La fábula se resuelve con más soltura y rapidez que en el libro, lo que se agradece. Me atrevería a decir que hasta se profundiza más en el dilema. Piggy (Porky en español), el gordito buen chico que pretende poner normas, resulta evidentemente adepto a éstas sólo porque es débil y sabe que en caso de destrucción del protocolo, lo único que le mantiene vivo, está acabado. Ralph, por el contrario, parece tender al bien por naturaleza, quizá su sentimiento de la civilización está más arraigado. Surge entonces el líder del bando malo, más bien salvaje: Jack. Jack se mea en las normas, a duras penas podía respetarlas en la civilización y sólo por miedo a la represalia ¿Quién va a castigar ahora? ¿Ralph, un igual? Los adultos no están, se trata de un Dios ausente.

La película tiene planos muy bellos de niños semidesnudos corriendo por la playa, para qué lo vamos a negar. La música se pasa de grandilocuente en algunas ocasiones, pero está acertada. El uso de planos fijos para revelar cambio y a la vez estatismo es, también, un punto a favor. Estoy hablando de ese plano del árbol, fuerte y sano a la llegada a la isla, quemado y destruído al poco de llegar la civilización a ella.

La única pega que le encuentro respecto al libro es el escaso trato que se le da al tercer factor (más allá de civilizado y salvaje): Simon, el ajeno, el indiferente, el que va aparte… y es probablemente uno de los temas más interesantes de la película.

No verla en busca de cine de aventuras. Tampoco es exactamente cine-ensayo. Terrible término medio.

“Hemos hecho todo tal y como lo habrían hecho los mayores… ¿qué es lo que ha fallado?”

He criticado una película estadounidense. Creo que me he vendido al sistema.

Nota: 7/10. Una buena condensación del libro, exponiendo con acierto todos los temas que en éste se tratan.

Mi vida sin mí (Isabel Coixet, 2003)

•29 Agosto 2009 • 6 comentarios

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Cinéfilo: desconfíe cuando demasiada gente le dice que determinada película “te hace pensar”. Es mentira.

A la hora de tratar temas metafísicos, como la muerte en este caso, la línea que separa lo serio (o hasta conmovedor) de lo pretencioso y lo ridículo es finísima. La señorita Coixet no puede ver la línea, se lanza a una carrera de ñoñerías irreflexivas. Ante el dolor de la futura muerte, en lugar de optar por llevar a su protagonista (limpiadora, vive en una caravana en el jardín de su madre, dos hijas…) al sufrimiento por una vida en cierto modo desperdiciada que va a llegar a su fin, Isabel Coixet opta por otra cosa.

Kurosawa en Vivir (Ikiru, 1952) opta por mostrarnos dolor, impotencia. Sólo tras un periodo de duelo y de tomar sendas “equivocadas” (decide dedicarse a la juerga), el personaje principal pasa a la acción.

Sin embargo, en “Mi vida sin mí”, tenemos a una protagonista de condición humilde, que no ha leído nada jamás, pero la directora decide que tenga el más precioso de los mundos interiores y que lo mejor para su personaje es que usemos sin parar la voz en off. Es por ello que me sorprende ese “da que pensar”, ¿qué hay que pensar? Coixet expone su mensaje rayano en la tontería, exponiendo preguntas y pensamientos que todo niño de 12 años debería haberse hecho como si nadie los hubiera tenido jamás. Exponer estos pensamientos por medio del recurso de la voz en off, una voz pasada de vueltas en su viaje a la trascendental no deja lugar a mucho. Estos mensajes y discursos le quitan a la película si no toda, buena parte de su credibilidad. No es que la película sea increíble, eso podría llegar a pasar; en cualquier caso no se puede acusar a una película de tratar temas fuera de lo creíble: ¿No existen el cine fantástico y la ciencia ficción? Pero no es lo mismo que no sea creíble a que no tenga credibilidad: no se puede creer en lo que está pasando y esos mensajes de anuncio de libro de auto-ayuda y débil anti-consumismo (parece que tenga la tentación de echar la culpa de su enfermedad terminal a los ricos y poderosos pero se contenga) no ayudan en absoluto. Se nos trata de presentar como algo que podría pasarnos; pero la gente no tiene esos diálogos.

Su mensaje contra la sociedad de consumo; débil, caído en los tópicos y digno de un chaval de 15 años, más a base de hablar que de mostrar, no tiene ningún éxito. Poco ayuda el ensalzamiento de la cultura yankee: lavanderías 24h, cafeterías con camareras de uniforme y tartas, …

Trata de conmover sin parar y sin mucho éxito.

En lo positivo; actuaciones (ahora sí) creíbles y bastante de virtud técnica; al fin y al cabo es una especie de anuncio muy largo. Entretiene y no llega a la boba pedantería de otras obras nacionales como mi ya criticada y queridísima Noviembre o Caótica Ana (esta última se lleva la palma).

Nota: 5/10. Mensaje sin éxito. Baja credibilidad. Le salvan su puesta en escena; esos pensamientos supuestamente bellos sí que van acompañados de imágenes a la altura.

Antichrist (Anticristo, Lars Von Trier, 2009)

•25 Agosto 2009 • 3 comentarios

antichrist

“Lars Von Trier, ¿qué será lo próximoooo?”

Es una inocente pregunta que deberíamos hacernos. ¿Qué le podemos decir a este tipo? Una película con dos actores en reto interpretativo constante, donde ella acaba sobresaliendo algo más quizá porque su papel se lo exige, pero ambos volando a gran altura.

Venga, lo diré, un “ejercicio preciosista”. Von Trier crea imágenes de gran sugerencia onírica que quedan en nosotros. Todo ello para conducirnos a un mensaje devastadoramente misógino. Supongo que no caeremos en la gilipollez de juzgar una película por su mensaje. No lo hagamos, no.

Se ha dicho que el guión es flojo… el guión es tenue en el mejor sentido de la palabra. Es que da rabia decirlo, porque este tipo tiene la pedantería de dedicarle la película al bien muerto Andrei Tarkovsky… y sí, así eran, al menos en cierto modo, los guiones de Tarkovsky. Una premisa relativamente sencilla que no hace más que evocar y sugerir. Y con la excusa de ésta, dedicarse a crear imágenes bellas y a demostrar talento cinematográfico en ese empeño. A pesar de la pedantería de la dedicatoria, si que hay cierto aire a “Sacrificio” en esta película. Aún asi, no perdamos el norte, no tiene el peso filosófico que tiene una película del considerado por muchos mejor cineasta de la historia.

Es una película con escenas realmente desagradables; pero nunca gratuitas.

Me asombra la desfachatez que se puede encontrar en su ficha en Filmaffinity:

MÚSICA No tiene

¿El hecho de que sea meramente ambiental, como en prácticamente todo el cine de terror, quiere decir que no la tiene? Merece una mención de honor.

Se ha dicho de todo: Descontrol de Von Trier, nada que ver con nada anterior de Von Trier, obra menor de Von Trier… sí, sí y un rotundo NO. Poco tiene que envidiarle Antichrist a Breaking the waves (Rompiendo las olas, 1996). Exceptuando (y tampoco se puede estar muy seguro al hacerlo) El jefe de todo esto, Von Trier suele dedicarse a mostrarnos mal, sufrimiento y maldad en la pantalla. Y lo vuelve a hacer, pero de una forma completamente distinta a las anteriores. ¿Se le puede culpar por ello?

Me siento incapaz de recomendarle a nadie esta película (hay abandonos en las salas). Se está convirtiendo poco a poco en la controvertida del año, que en teoría divide y cabrea espectacularmente a los fan-boys del danés, lo dejo todo en la nota. Da la impresión de que podemos cerrar con el viejo broché clicheico de oro: “El tiempo la pondrá en su lugar”.

 Chaos reigns, chavales.

Nota: 8/10.  Hay mucho cine aquí.

Noviembre (Achero Mañas, 2003)

•15 Agosto 2009 • 7 comentarios

V_Noviembre

No soy muy dado a hablar sobre el argumento de una película, prefiero centrarme en otros aspectos y utilizar ejemplos de la trama para ejemplificar. Pero una película tan sumamente estúpida se merece un minucioso estudio de todas sus gilipolleces. Damos comienzo al tema.

¿Cuántas veces hemos visto una película y hemos dicho “Qué mala es”? Que si qué pintaba este plano, que si qué confusa esta parte, que sí qué final más cogido por los pelos, que si ahí se ha visto un micro…

Me encanta “Noviembre” por este mismo motivo: es malísima sin caer en fallos técnicos, y, realmente, no de guión a nivel formal.

La película narra las aventuras de Alfredo (Óscar Jaenada), que llega a Madrid repleto de sueños a una escuela de arte dramático (o algo así). Allí se nos presenta un lamentable colectivo de personajes super alternativos que odian “este jodido mundo” y desean cambiarlo.

Alfredo tiene bien claro desde el principio lo que quiere hacer: un grupo de teatro callejero “libre e independiente” y, ante todo, no cobrar un chavo por ello. Desde el principio de la película vemos cómo va captando a los personajes que va conociendo en el nuevo entorno para su magna empresa.

A los dos días abandona su escuela de arte e interpretación (o lo que fuere) porque un profesor se cabrea con él por mentirosete. Este punto es el que me resulta especialmente confuso para con sus defensores, que opinan que para entender esta película hay que haberse subido a un escenario. ¿No es el teatro, como cualquier arte, algo en lo que “dejarse la piel”, como bien le dice el profesor al Sr. Jaenada? ¡Pues no! Alfredo en dos días de escuela ya parece saber todo lo que hay que saber para rebelarse contra el mundo del teatro, contra el consumismo y “este jodido mundo” en general. Y le perdonamos que la mitad de esos dos días se los haya pasado haciendo malabares, tomando birras y echando petas con los colegas. Eso sí, no duda hacer su airada salida con un monólogo triunfal  sobre que quiere hacer teatro para mejorar el mundo, ayudar a la humanidad, hacer posible la comunicación entre las personas y (seguramente lo pensaba, pero se lo guardó) hallar la cura contra el cáncer. Este monólogo le vale más tarde el poder hacerle un bombo a la que estaba buena de clase, que no quiere quedar como una consumista que va a clase y se las pira también. Veo necesario añadir que la supuesta pasión de Alfredo y su grupo “Noviembre” por el teatro no se muestra en ningún momento como algo tangible como leer a los grandes del, asistir al, debatir sobre, o admirar el mismo. Más bien se manifiesta como una pataleta contra la gente que cobra por hacerlo y a la gente que paga por verlo, esos desalmados consumistas.

Así que ya puede dedicarse a lo que realmente quiere: el teatro callejero. Esto es disfrazarse e ir haciendo el gamberro por ahí en mayor o menor medida. Puede ser haciendo que una tía finja orgasmos y se le suba la falda (no paseén a sus hijos por ahí o un paseito de domingo puede convertirse en balbuceos sobre de dónde vienen los bebés), haciendo música en el metro y bailando por el vagón (lo siento si te apetecía leer un rato) o parodiando el mundo de la mendicidad y la miseria (con esto último dicen que conciencian a la sociedad, no es broma). Estas actuaciones están grabadas con bastante buen gusto y rigor técnico, detalles que no hay que olvidar pues la salvan del abismo del 1, la nota mínima, en puntuación.

Cansados de flirtear con la policía y las multas, deciden hacer algo serio. Fingen que un tío le pega un tiro a otro en plena calle, movilizando a los servicios de seguridad y de emergencia momentáneamente. La bromita les vale un juicio y que no puedan hacer más el gamberro bajo pena de muerte (en realidad no, pero hubiera estado guapo como símbolo de la represión estatal). Está bien señalar que antes también tenían prohibido hacerlo, pero bueno, ahora más.

Entonces llega el gran dilema moral de la película: un loco, un visionario, un mecenas, un calvo les dice que quiere que hagan numeritos callejeros pero en plan legal. Alfredo empieza a retorcer las facciones en una mueca de horror, pero el calvo ya ha soltado la bomba: el tío pretende PAGARLES por ello. El tío aclara rápidamente que les pagará bien poco, pero nuestro rebelde protagonista no parece muy convencido. Decide consultarlo con el grupo.

Las posiciones se enfrentan: ¿no habíamos dicho que no íbamos a cobrar? Sin motivo aparente, a Alfredo le ataca la madurez (ah, por cierto, acaba de traer una hija a “este jodido mundo”) y decide que ya que si así no les arrestan puede estar bien. Esto le enfrenta a la facción dura del grupo, Dani, el malabarista del fuego. Él prefiere la cárcel a venderse de semejante manera. Le invitan a abandonar el grupo. Él dice que no les dará semejante placer.

Es el día de la función, un costoso e impresionante despliegue de medios en el que Alfredo aparece crucificado como Jesucristo que es, ya que muere por todos nuestros pecados contra el arte. Dani enloquece. Fuera de sí, empieza a TIRARLE AGUA a la gente, a su querido público callejero.

Dani, se te ha ido de las manos. Queríamos innovar y provocar; lo de fingir la muerte en plena calle pase, pero eso de mojar a la peña es cruzar la línea que no se debe cruzar. Es el principio del fin.

Pero aún queda la guinda. Mediante un contacto entran en el Teatro Real a dar un paseo. Quedan impresionados por su grandeza. “¿Te imaginas actuar aquí, tío?”. El grupo ha perdido el norte y, seguramente crecidos por la fama, olvidan sus orígenes humildes. Alfredo entra raudo a poner orden lapidariamente: “Está bien. Prefiero la calle”. Sin embargo, el gran teatro le ha dado una idea…

=============SPOILER=============

Escondidos entre la multitud, durante una función, se disfrazan de payasos. Alfredo desciende desde el techo del escenario con un trapecio, deteniendo a los actores y su función. Aquí (poniendo voz de payaso, es un actor del método) dice estar aburrido de esta gente (está hasta los cojones de la ópera, no entiende como la gente puede seguir yendo) y EMPIEZA A LLORAR POR LA MUERTE DEL ARTE. Es, personalmente y permitidme que me emocione con las mayúsculas, mi momento favorito de la película.

Poco a poco, sus compañeros camuflados entre los asistentes a tan repulsivo acto de teatro consumista se levantan y tocan sus instrumentos para acompañar las sabias palabras de su líder y sus risotadas payasiles. Alfredo saca una pistola.

Los de seguridad, que ya habían llegado raudos se cagan en todo. Alfredo aprieta el gatillo. En el cañón del arma, aparece una bella flor blanca, símbolo de su pureza. Poco después, sin darle la posibilidad de la duda porque es después y no antes de ver que el arma es de broma, el guardia de seguridad dispara, dando muerte a Alfredo como el mártir que es. Alfredo sabía probablemente demasiado. Cierre y despedida.

============= FIN DE SPOILER=============

La película se ahoga en su pedantería. Estos chavales hacen algo original, bienintencionado. No están cambiando el mundo. A nivel más personal no me gusta lo que hacen, porque me gusta ir por la calle tranquilo. Detesto que me acorrale gente quiera o no mi dinero. Pero bueno, los chavales van con su buena fe. Pero no cambian el mundo. No rompen con nada. Es insufrible que un niñato te dé lecciones morales sobre la vida y al arte. La película podría ser interesante si no ensalzara a estos personajes como héroes y santos; mostrándonos su idealismo vacío y poco concreto. Pero nadie, en toda la película, se les enfrenta. Son el BIEN. Resulta especialmente molesto que no respeten algo tan noble como es el teatro que pagas por ver.

Las actuaciones son bastante malas, pero es algo que estaría dispuesto a perdonar. El hecho de que esté rodado como falso documental es bastante trivial, pero le da más que le quita, a pesar de que los momentos más bajos de actuación son en esos fragmentos.

Sinceramente espero que el señor Mañas se esté descojonando, mientras bebe oporto en alguna mansión, de la legión de lelos alabadores de esta película que se identifican de forma tan falsa con su protagonista.

Nota: 2/10, algunos momentos de inspiración con la cámara le salvan de la nota mínima. Basura. Sólo apta para idiotas. Si te gustó esta película, probablemente te sientes una persona pensante en contra de un mundo de gente “que no piensa”; piensa un poco más.

Le premier jour du reste de ta vie (El primer día del resto de tu vida, Rémi Bezançon, 2008)

•7 Agosto 2009 • Dejar un comentario

El primer día del resto de tu vida

De vez en cuando hay sorpresas gratas en la gran pantalla, aunque sea en cuatro cines de toda la comunidad de Madrid. Éste es uno de esos casos.

El primer día del resto de tu vida trata sobre una familia y sus devenires, para presentarnos a sus miembros se escoge dividir la historia en un capítulo para cada miembro (dejando al perro y al abuelo aparte) lo cual tampoco es nada original realmente. Cada capítulo es un día escogido en un margen de 12 años.

Así tenemos al padre, taxista con un nombre bien cinematográfico, Robert Duval (con una “L”, no con dos), una madre preocupada por sus hijos pero también por la falta de emociones en su vida a medida que estos crecen y dejan de depende de ella (peligrosamente tópico, no nos vamos a engañar), al hijo mayor con ganas de independizarse y ser más perfeccionista de lo que le han mostrado en casa, al soñador hijo mediano atrapado en un mundo de fantasía que le impide decidir qué hacer con su vida y a la hija menor, que aparte de vivir el apogeo del grunge en los 90, sufre desamor tras desamor.

Sinopsis muy poco prometedora. Encima hay que añadir que el título de la película nos lleva a pensar en reflexiones pseudofilosóficas baratas y a pelis en la que los bobos espectadores nos comentan que les cambió la vida y que “carpe diem” (señor…). Bueno, al tema, el “qué” ya lo hemos visto otras muchas veces, casi se podría decir que forma parte de un género, el Troubled Family, concepto que espero acabarme de inventar. Se trata de un cine que se basa en las relaciones de una familia consigo misma, cuyos problemas (bastante serios) generalmente vendrán de su mismo núcleo, del interior. Puede que el desencadenante sea algún elemento exterior, pero la trama se centrará en cómo lo vive cada uno y la consecuencia de ello para el resto. Las películas del género no suelen tener un protagonista claro. Algunos ejemplos que se me vienen a la cabeza:

  • La ya criticada en este blog Tres días con la familia
  • Pequeña Miss Sunshine sería uno de los ejemplos más claros y populares, a pesar de su supuesta indieness
  • En terreno aún más independiente y transgresor, Julien Donkey-Boy, de Harmony Korine. Con un patriarca como Werner Herzog es normal que las cosas no vayan bien
  • En Dogma95, Celebración sería clarísimo y perfecto
  • Y en terreno más cultureta, Como en un espejo, de Bergman

Con una sinopsis rozando lo clicheico, la sorpresa fue más grande aún. Bien llevada, con toques de comedia que en algunos casos hasta son slapstick, pero sin caer en lo vulgar en ningún momento (¡es francesa!), sabe hacer reir sin tonterías. Es ciertamente una película que apela más a las emociones que a intelecto, al menos superficialmente. Pero tampoco es complicado sacarle dobles lecturas y encontrar su profundida intelectual. Es cierto que, al fin y al cabo, no está mostrando nada nuevo. Pero lo que está mostrando, lo está mostrando muy bien.

A pesar de apelar a las emociones y utilizar recursos algo dudosos como la aparición de personajes que no están presentes, algo así como fantasmas del pasado, no cae en la ñoñería ni el sentimentalismo y sabe emocionar sin perderse en los lugares comunes del género. Realmente nos llegamos a sentir miembros de la familia Duval y esperamos ansiosos que los nuevos capítulos arranquen, tenemos ganas de saber cómo ha evolucionado cada personaje y qué camino ha tomado.

Mención aparte merece la banda sonora, exquisitamente elegida, que como colofón final deja el emocionante tema de Etienne Daho que da título a la película, dejando algo patente la reflexión que ha invitado a realizar la obra. ¿Han sido estos los “primeros días del resto de la vida” de los Duval? ¿O sólo han sido días… como los que tenemos todos?

Excelente en su simpleza, de la que tiene menos de lo que parece.

Nota: 9/10 (no es algo que suceda muy a menudo… creedme… ¡jo, qué cine!)

Nói albínói (Noi el albino, Dagur Kári, 2003)

•30 Julio 2009 • 2 comentarios

Noi el albino

¿Qué hay en Islandia? Aparte de hielo y Björk, parece ser que hasta se hacen películas.

Ver películas de países estrafalarios es una de mis debilidades. En Islandia hay mucho hielo y es algo de lo que queda constancia. Todo parece estático, los colores están apagados… Noi, el protagonista, de hecho, no tiene color.

Aún así no se trata exactamente de un drama. Sin buscar el gag, tiene toques de comedia, por lo desesperante de las situaciones. Noi es un adolescente problemático y cuando le echan la bronca los profesores dan ganas de que diga: “Estamos en una aldea remota de Islandia, en la que sólo hay hielo. Deberíamos agradecer el tener una escuela y hasta el hecho de que haya un alumno problemático. De hecho, creo que si nos matásemos todos en una orgía de disparos y plomo penetrando la carne, no pasaría nada”

Pero no lo dice. El cine independiente puede caer en errores (Dios me perdone) y probablemente estamos ante un buen ejemplo de ello. El protagonista es raro (¡Es albino! ¡Es superdotado! ¡Pasa de todo!) y el entorno es raro (¡Una aldea remota en Islandia!). Pero, en realidad, la película se encuentra llena de clichés y lugares comunes. Nos demuestran que Noi es superdotado cuando resuelve el cubo de Rubik ante el psicólogo de la escuela. Por favor, lugares comunes no. Noi se enamora de una chica que llega al pueblo procedente de la capital. La historia de amor no tiene nada de raro o especial. Noi es un marginado, está contra todos porque quiere y porque puede, vive con su abuela y su padre es alcohólico. Evidentemente, esto no lleva a ninguna parte.

El guión va dando tumbos por ahí mostrando escenas poco hiladas y algo irreverentes, sin caer en la desconexión casi total de otros casos más eminentes de producciones independientes como Gummo de Harmony Korine. Es casi como si hubiera un guión escaso, unas cuantas escenas clave en la cabeza del director.

Cae, como venía diciendo, en el error de pensar que por tener un personaje y un entorno estrafalarios, la película puede seguir los pasos de cualquier producción de Hollywood.

Nota: 5/10. No todo es malo, tiene sus tintes de originalidad, es breve y en realidad no llega a decaer, entretiene prácticamente en todo momento. Pero no aporta nada nuevo al género. Eso sí, yo he visto una peli islandesa ¿y tú?